en la soledad de una jornada lluviosa

Anoche, en la soledad de una jornada lluviosa en la que todavía esperaba la llegada de los fumadores, apareció él. Hacía algunos años que no nos poníamos a susurrar en silencio en la puerta de Venus 3. En realidad, en los últimos tiempos se deja ver con mayor frecuencia y el hecho que ocurre ahora después de muchos meses es que me ponga a escribir sobre ello.

Me habló de él, porque a diferencia de lo que ocurre lejos de tierras falstaffianas, en la puerta del Falstaff escucho; solo acostumbro a hablar cuando quiero que los demás se callen, se marchen o se conviertan en mudos fumadores.

Me habló de sus trabajos, de sus sueldos que llegan, aunque algo más tarde de lo habitual, de sus luchas internas por asimilar que el mundo está lleno de patronos sin formación que creen saberlo todo y que le tratan a uno como un peón a sus órdenes que no puede avanzar si el rey no lo manda y que no hablan, no por falta de voz, sino por escasez de derechos. Me habló también de que en ocasiones el problema no radica en los excelentes currículums que buscan trabajo, sino en los que lo tienen, porque hay personas que se creen todo lo que dicen sus títulos y desprecian al resto con una arrogancia que debería estar penada por ley.

Cuando se marchó nos dimos la mano mientras nos mirábamos a los ojos. No hay mayor gesto de respeto en esta vida que mirar a los ojos de la persona cuya mano sujetas; no hay mayor desprecio que saludarla mientras tu mirada parece no advertir su presencia. Decía, nos dimos la mano y me pidió que volviera a escribir.

carta abierta a uno mismo

Aprovechas la primera jornada nocturna víspera de festivo que pasas lejos de Venus 3 en el último lustro para respirar el tímido silencio de la noche urbana. Lo de hace 24 horas sí era silencio y oscuridad. En el pueblo, a diferencia de en la ciudad, se acostumbra a respetar el descanso de la noche. Solo lo respiras, decía, porque los oídos están entretenidos en el piano de Rob Costlow.

No nos engañemos, nunca has sabido cerrar los capítulos que van explicando tu vida, más bien esperas a que se termine el papel para pasar página. Así estuviste más de una década escribiendo crónicas de fútbol regional, aunque ello significara desaprovechar oportunidades que no iban a volver a pasar. Así engañaste al espejo durante años hasta que éste te mostró lo que querías ver; es posible que seas de las pocas personas en este mundo que apenas recuerda el rostro que vistió en su adolescencia. Así te has pasado los últimos cinco años de tu vida en la puerta de un bar. Me dirás que solo son seis horas a la semana, que te pagan muy bien, que la clientela es agradecida y que el Falstaff te ha dado casi todo lo que tienes ahora… ¡Y una mierda! Lo dices como si no hubiera vida sin Venus 3, como si en el pasado solo hubiera habido un camino que escoger. No. No me he puesto a escribir para divagar sobre lo qué hubiera sucedido si hubieras hecho esto o lo otro, a eso ya te dedicas tú cada vez que tienes un rato. En obviar el presente soñando con un pasado mejor no te gana nadie.

Escribo, y lo hago como tú mismo lo hacías en 2004 en tus inicios como blogger, desde la sinceridad que solo reservas para ti. Escribo con un único objetivo, preguntarte si esta vez tendrás agallas para dejar de divagar y enfrentarte al ahora. ¿Las tendrás? Si estuvieras solo no confiaría en ti, pero con ella a tu lado… Una mujer que continúa junto a ti después de mostrarle tu peor cara,… no creo que tengas otra oportunidad así, una oportunidad para retomar la marcha tras tanto tiempo en un área de servicio imaginaria en la que has visto pasar el tiempo, esperando que la vida se hiciera sola. No me sueltes ahora un “No me ha ido tan mal”. Si la que llevas es la vida que quieres, no desvíes un ápice tu rumbo… pero no me sigas engañando, no te sigas engañando. Sabes tan bien como yo que tu día a día conduce a un vía muerta en la que falsamente te has propuesto vivir para siempre.

Escúchate, escúchala, mírate a los ojos, mírale a los ojos y prométete mientras le prometes que a partir de mañana lucharás con todos tus fuerzas por ser feliz.

innombrable ahora, exitoso e internacional deportista entonces

Presidiendo la mesa, de espaldas a la pared, tiene una visión completa del local y un acceso rápido a la salida. Rutina protocolaria de su equipo de escoltas que se mantiene al margen cenando en la mesa de al lado. Él. Innombrable ahora, exitoso e internacional deportista entonces, a su derecha. La mesa la completan el resto de moles humanas con los que comparte vestuario.

Me lo explica el mismo que por aquellos años ’90, inocente, quiso sacarles una foto. Imposible. Aquella relación no era oficial, no lo era lejos de sus ámbitos de salidas nocturnas y diurnas, entre los que se encontraba este histórico restaurante, además de Venus 3.

Reconozco que acostumbraba a explicar esta historia al poco de conocerla, en mis primeros tiempos en tierras falstaffianas. Ahora, cuando lo hago (en contadísimas ocasiones) intento no abrir demasiado la boca, no masticar las palabras, más bien susurrarlas. Como hice el sábado cuando se lo comenté a la mediática de la noche, esbeltez y belleza caminando con firmeza hacia los cincuenta.

confesiones en la puerta

El mundo está lleno de sinverguenzas. Tíos que prometen algo más que convertirte en el polvo de los viernes, personajes que pierden a la mujer de su vida y se pasan el resto de sus días buscando una sustituta y lo único que consiguen es destrozar corazones, el suyo incluido, hombres que te regalan música de exportación con una mensaje tipo “Para que te acuerdes siempre de mí” y una semana después piensas: “¿Cómo me voy a olvidar de ti con lo cabrón que has sido?”

Es la historia de cada noche en tierras falstaffianas donde las confesiones no se hacen en la barra, sino en la puerta.

atracción mutua

Había llegado de la mano de una habitual entre una docena de féminas, el típico grupo de mujeres por el que cualquier otro local pagaría y que en Venus 3 llegan cada noche en procesión. Salió de las primeras, pasadas las tres de la madrugada, y la vi mirar con atención a un grupo de hombres que volvía dentro tras una parada nicotinal. Apoyado sobre la escoba que utilizo para dejar impóluta la calle, le espeté un “¿Cuál es?” Empatizó conmigo de inmediato y me dijo que no era ninguno de ellos. No obstante, debía estar cerca, porque no dejaba de mirar hacia al otro lado de la calle. Insistí. Entonces, percibí una sonrisa y un leve movimiento ascendente de su cabeza. “El de la camiseta blanca”, susurré. Creo que utilizó un silencio para confirmar mi afirmación. “Ahora te lo traigo”. Me acerqué, le pedí un minuto y solicité que me acompañará. Las chicas parecían irse, pero ella, anclada en la calle Venus, intentaba no dejarse llevar por sus amigas. Las alcancé en el portal de la finca, a unos veinte metros del Falstaff. Le pregunté el nombre a él, después a ella y les presenté. Armé mi escoba y seguí barriendo.

No. No es habitual en mí, no lo es cuando desconozco si existe atracción mutua, y si bien en este caso solo la conocía por un lado, deduje que el atractivo de ella no habría pasado desapercibo para él. No me equivoqué. Me lo confirmó minutos más tarde, cuando tras haber quedado para verse en la disco me agradeció mi acción confesándome que la había estado mirando toda la noche.

la custodia del Falstaff

Fue un ingeniero (en tierras falstaffianas los hay de todos los colores), allá por el año 2007, el que me hizo comprender que me había metido en un local de solteros, separados y divorciados,… El paso del tiempo, como ya he explicado alguna que otra vez, me ha permitido reconfirmar la teoría, y de vez en cuando llegan los desaparecidos que se hicieron fieles al Falstaff durante su soltería y se olvidaron del garito una vez encontraron pareja estable.

Sin embargo, qué ocurre con las parejas que acuden a Venus 3 de manera habitual, qué ocurre cuando estas se rompen, qué ocurre con su relación con el Falstaff. Encontré la respuesta no hace mucho cuando recibí un mail de una amiga falstaffiana que respondió a mí “Hace mucho que nos no vemos”, con un “He cedido la custodia del Falstaff“.

En qualsevol cas, et trobo a faltar.

departiendo amorosamente con una de sus fuentes

Investigo sobre algunos clientes, habituales o no, a los que abro la puerta en Venus 3. Así es como hace algún tiempo, tras cruzarme con una mirada que había sentido muy cerca otras veces, aunque nunca tan literalmente cerca, llevé a cabo mis indagaciones.

Entiendo que ella no me había visto nunca hasta entonces. Es lo que tiene la unidireccionalidad televisiva. Entre el material recogido encontré un reportaje sobre su vida profesional (un 90% de la personal) que me ayudó a entender mucho de lo que vi fuera del Falstaff y de lo que otros me contaron que vieron dentro. No. Saben los dos o tres que entiendo todavía se deben pasar por aquí, que no habrá nombres que puedan delatar su identidad. Aunque bien es cierto que lo comenté en petit comité con algunos clientes aquella noche, eso sí, antes ponerme el traje de investigador privado.

La conclusión es que el trabajo llevado al extremo conduce a lo que ella misma confirma, un 90% de su vida es su tajo, así pues, no fue extraño verla departir amorosamente con una parte muy importante de su trabajo, una de sus fuentes.